Cuando terminas Bachillerato, todo el mundo te dice que ese verano es el mejor que se puede tener. Que sueles descansar, disfrutar de los amigos, prepararte para algo novedoso aunque no sepas lo que vas a necesitar (así que te preparas a ciegas comprando un paquete de folios y algo donde guardarlos, aunque después te lleves también un portátil donde coger apuntes; ir con un cargamento de bolígrafos y comprar cantidades industriales de post-its por la pasión que nace en ti por los artículos de papelería, son algunas de las cosas que llegan a pasarte en las primeras semanas). Lo que nadie te dice es que en ese “maravilloso” verano te vas a tener que enfrentar al peor proceso de todos: la matrícula de la Universidad.
Todavía recuerdo cuando estuve una semana en la ciudad donde quería estudiar, alejado de mis padres, intentando arreglar todos los papeles y documentos que iba a necesitar. Creía ir preparado: con documentos académicos, certificado de nivel de inglés, documentos de la PAU, fotos, dinero,… Lo único que me faltaba era el traslado de expediente. Lo único que no había preparado y ya estaba yo fuera. Llamé a la UCLM para informarme sobre tal trámite y tenía que realizarlo en persona, así que mandé a mi padre. Cuando creía que todo estaba solucionado, faltaba una “firma electrónica” de la Universidad, la cual al llamar y preguntar por ésta, se rieron de mí diciendo que eso no existía. Siento que los funcionarios de la Universidad sean a veces incompetentes, pero faltar el respeto a quien está realizando una consulta sobre algo de lo que no tiene por qué tener idea no me parece la mejor solución. Y menos cuando compañeros suyos te han dado esas indicaciones.
El curso empezó bien. Tras una jornada de bienvenida a la cual acudí tras 5 horas de haber descansado y un viaje de 4 horas que tuvo lugar ese mismo día, conseguí conocer a algunas personas. Siempre he sido muy patoso para hacer amistades, pero a las dos semanas o así ya tenía mis tres amigos de clase, de los cuales no me separaría el resto del curso. Con el tiempo han llegado nuevas amistades y no solo en clase, también en la residencia en la que me encontraba y en el grupo de teatro de la Universidad.
Gracias a este año creo haberme vuelto más extrovertido. Me ha servido para expresar mejor mis emociones, para ser más natural y darme cuenta de que no hace falta encajar, sino ser uno mismo y aceptar cómo son los demás. He conocido gente de todo tipo: que se vuelcan por los amigos, que se aíslan en ciertos periodos del curso, personas que siempre destacan respecto al grupo, egocéntricos que tienen que poseer la verdad absoluta,…
Respecto a la carrera, decidí estudiar un Doble Grado en Derecho y Ciencias Políticas y de la Administración. No, no para robar como el resto de políticos. Estudiar Ciencias Políticas no te convierte en ladrón. Es más, resulta agotador que la gente te diga que cuando llegues al Gobierno, “metas la mano como el resto de políticos”. Os recuerdo que luego reclamáis honradez entre la élite política y os indignáis cuando aparece un nuevo caso de corrupción. Derecho reconozco que ha sido mi pequeña pasión desde pequeño y puedo afirmar que soy de las personas que estudian esta carrera por vocación. Esto lo digo porque Derecho parece como Magisterio, “la carrera que cualquiera puede hacer y tener alguna salida”. Aunque también se estudia por el supuesto “prestigio” que te aporta.
Pues bien, a mí me toca la moral quienes se meten tanto a Derecho como a Magisterio sin vocación. Así pasa que luego encontramos profesores desganados, que enseñan mal o que no tienen idea de ser docentes. O que al levantar una baldosa salgan cinco abogados. Así no me extraña la competitividad que existe entre los abogados, incluso dentro de los bufetes de abogados.
Ahora, que yo creo que si la gente supiese uno de los mayores terrores de Derecho, se lo pensaría dos veces antes de matricularse. Me refiero, ni más ni menos, a Derecho Administrativo. A quienes le gustan esa materia deben estar mal de la cabeza y no poseer alma. Este curso sólo he tenido Sistema Jurídico-Administrativo y ya ha sido infumable. No quiero ni pensar cómo será el siguiente curso Derecho Administrativo. Es como un lavado de cerebro que después te obliga a ver estructuras administrativas en todas partes.
Por otro lado, lo único de la Universidad no ha sido estudiar como a veces te pintan. Pero tampoco tanta fiesta si quieres sacar bien el curso. Yo he conseguido cierto equilibrio entre pasarlo bien y dedicarle tiempo a los estudios y trabajos para finalmente conseguir pasar bien ambos cuatrimestres. Quizá no con las mejores notas, pero sí pasar libre en la primera convocatoria de ambos cuatrimestres.
El curso ha terminado con una experiencia única que nos ha dejado a unas cuantas personas en un terrible desconcierto. Una chica que conocí en septiembre comenzó contándonos cosas de su vida, experiencias, secretos que nosotros fuimos creyendo debido a la confianza que se deposita en las personas cuando hay una fuerte amistad. Estas experiencias solían ser dramáticas, incluso se planteó un conflicto entre esta amiga y otro chaval. Finalmente, en un intento por ayudar a esta amiga, resultó que todo lo que nos había estado diciendo desde el primer día acerca de ella misma era mentira, que el conflicto con el chaval se lo había inventado y a nosotros nos había dejado frente a otras personas como las personas con las que realmente tenía el conflicto. Un entramado de mentiras enorme que nos hizo replantearnos el año entero, quién podía ser verdaderamente esta persona y si lo que habíamos vivido con ella había sido cierto alguna vez.
A pesar de todo, no guardo rencor a esta persona. El odio nunca es infinito, por mucho que se quiera hablar de “némesis” o “archienemigos” a los que se guarda un odio profundo. Como mucho es intermitente, pero no perpetuo. De todas formas, espero que la situación con esta amiga se solucione, se recupere y ¿quién sabe? Quizá recuperar la amistad que hubo, pero construyéndola desde la sinceridad.
Finalmente quería agradecer a todas las personas que se han cruzado por mi vida durante este primer año, porque me llevo de cada una diversas experiencias que guardo con mucho cariño. Tanto las personas de teatro, con las que fui yo mismo desde el primer momento y que me recibieron como quizá nadie lo había hecho hasta el momento; compartir los nervios de antes de salir al escenario, las comidas en la cafetería o en la hierba, marujear y desear el tropiezo por las escaleras de ciertas personas para hacerme con su papel,… También a mis meta-amigas de la residencia y otras personas con las que también he compartido momentos maravillosos allí; los “Yo nunca” en los que todos bebíamos con ciertas preguntas comprometidas, “tu baño y cada día el de más gente”, el cactus de mi habitación el cual estudiábamos para saber sus más oscuros secretos, esas noches de dormir todos juntos en alguna habitación,… Por último, los compañeros de clase. La de apuntes que nos hemos pasado, trabajos que tras bastante presión hemos conseguido terminar con gran satisfacción, el día de la discoteca o la noche de los chupitos, las tardes de “terapia de grupo”,…
No tengo palabras para expresar mi gratitud hacia vosotros. Sois personas maravillosas que he tenido el placer de conocer. No cambiéis nunca. Y por favor, por muy lejos que podamos llegar a estar, recordad que “soy demasiado diva para seguir respirando”. Ahora en serio, siempre tendréis mi puerta abierta para lo que necesitéis.
Espero que todo aquél que lea estas palabras tenga la misma suerte que yo he tenido.
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