sábado, 16 de julio de 2016

Furor Bacchicus Teatro



“¿Todo el mundo me oye? ¿Todo el mundo me ve? Soy conciudadana del Dios que gobierna los pueblos, los mares y las tierras, un astro brillante y resplandeciente que siempre sale a su hora, en el cielo y aquí en el teatro.”



Pues así es como empezaba el prólogo de Rudens, la obra de Plauto que hemos interpretado este año en Furor Bacchicus Teatro. Para mí la experiencia de formar parte de tal grupo ha sido increíble. Mantener una coordinación con todos los compañeros, intentar salir del paso en el escenario si algo no salía como debía e intentar que no se notara, los nervios tras el telón o las sesiones de relajación minutos antes de salir a escena. Pero el teatro no es sólo eso, también ha sido preparación, constancia, esfuerzo, evolución, cambio. Y ahora entiendo cuando, al salir de ver una obra, me decía que el resultado no era nada en comparación a todo lo que había tras lo que yo había visto.

Sin embargo, este artículo no lo puedo centrar en mí exclusivamente, en mi punto de vista y cómo yo lo he sentido, porque a fin de cuentas el grupo de teatro lleva ya cuatro años y yo soy un recién llegado, como quien dice. Así que he acudido a dos personas muy especiales: Reme y Marta. En primer lugar agradecerles el hecho de haberme dedicado un tiempo para hablarme sobre Furor Bacchicus Teatro y así poder traeros este artículo tan interesante. Así que, sin más dilación empezaremos por donde procede: el comienzo.



Furor Bacchicus Teatro existe desde el 2012, año en que tanto Reme como Marta entraron a la Universidad Pablo de Olavide. La decisión de fundar el grupo fue de Rosa, la actual decana de la Facultad de Humanidades, mediante un correo circular entre todos los alumnos de la Facultad de Humanidades, diciendo que pensaban fundar un pequeño grupo de teatro clásico para representar obras de Plauto o de Aristófanes, pues tenían pocos personajes. Para su sorpresa se presentaron en torno a 50 personas, tanto allí presentes como otras que dijeron estar interesadas, por lo que se pudieron preparar dos obras: La Asamblea de las Mujeres (estrenada el 20 de diciembre de 2012) de Aristófanes y Cásina (estrenada en abril) de Plauto.

A dos semanas de estrenar la primera obra se les ocurrió que necesitaban un nombre, pues no querían poner “Grupo de Teatro de la Facultad de Humanidades”, y además Rosa quería algo con la palabra teatro. Se propusieron diferentes títulos como “Los Aristofánidas” (pues el grupo se iba a estrenar con una obra de Aristófanes, pero al ser comedia quedaría raro si decidían interpretar alguna tragedia, tal como ocurriría el siguiente año), “Los ojos de Edipo”, “La madre que parió a Edipo”, “La peluquera de Medusa”, “Caronte Cruceros”, “Yo, yo mismo y yo casta”, “Palabrita de Tiresias”, “La manzana del jardín de las Hespérides”, “El telón de Aquiles” (propuesto por un profesor, pero el nombre estaba cogido)… Hasta que unos días antes del estreno a Rosa se le ocurrió “Horror Vacui” (miedo al vacío), cambiándole el sentido pasó a “Horror Bacchi” (pues Baco es el patrón del teatro). De pronto pasó a “Furor Bacchi” hasta transformarse en “Furor Bacchicus Teatro”.

La Asamblea de las Mujeres, la primera obra, nos cuenta Marta que:

“Tuvo muchísimo trabajo detrás porque tuvieron que procurarse el atrezo y lo que iban a necesitar. Se confeccionaron diferentes trajes que han ido pasando por varios personajes, por ejemplo. Pero hay más formas de colaborar, como con la coreografía, con el atrezo, haciendo de azafato para ayudar a acomodar a la gente, haciendo difusión de cualquier forma posible, ayudando con la adaptación de la obra o la música,… Incluso hablando de Furor a otras personas ya es una forma de ayudar. La Asamblea se preparó en un par de meses, pero aun así quedó bastante bien.

Para el Día D de la Universidad nos pidieron que preparáramos algo, que fue el Juicio de Paris, planteada en forma de diálogo en tono cómico. Quedó graciosísima. Ninguno de los papeles del castin me atraía, porque siempre me ha gustado más la tragedia que la comedia, por lo que me cuesta encontrar un papel. Así que me ofrecí para poner música con mi laúd renacentista. Además, Mercedes me pidió que escribiera un epílogo final, que quizá fue más trágico de lo que debía, pero gustó igualmente.”

El año siguiente, el 7 de marzo de 2014, se estrenó Las Troyanas de Eurípides, que fue la primera tragedia de Furor. Además, ese mismo año se volvió a representar Cásina. Ese año se comenzó a llevar obras para representarlas en Carmona, de forma que a día de hoy Furor Bacchicus Teatro ha representado en aquel maravilloso escenario cuatro obras.

En 2015 se representó Poenulus, obra de Plauto estrenada el 12 de marzo en el Paraninfo de la Universidad Pablo de Olavide. Esa obra tuvo dos coros y hubo que adaptarla, de manera que Rosa se encargó de la traducción ya que es de Filología Latina.

Finalmente llegamos al curso académico que ha finalizado hace poco. Y es que el 4 de marzo de 2016 se estrenó Rudens, obra también de Plauto. Esta es la obra que yo he tenido el placer de conocer, en la que yo he podido estar y he tenido la oportunidad de formar parte del coro de pescadores, hacer de testigo y en la representación final meterme en la piel de Cármides, el compañero de Lábrax, el rufián de la obra. Pero no hablemos de mí, sigamos con las impresiones y experiencias de estas dos maravillosas compañeras.



Reme nos cuenta que:

“Furor Bacchicus Teatro es un proyecto muy bonito dentro de la Universidad, el cual es capaz de llevas más allá las humanidades y demostrar que son algo vivo y dinámico. El teatro es demostrar que lo clásico sigue vivo, pues actualmente la comedia de enredo amorosa bebe de ahí, donde al final siempre se soluciona todo. Suelen presentarse los mismos personajes: El soldado fanfarrón, el amo tonto, el rufián malvado, dos muchachas esclavas o prostitutas de las cuales no se sabe el origen, pero una de ellas es de alta alcurnia sin ser consciente y al final se termina desvelando todo. Suele haber elementos que permiten reconocer el origen de esta muchacha mediante collares, joyas,…

Teatro ha significado, además de perder la vergüenza y el pánico escénico, algo que siempre he querido hacer. Me gusta actuar, siempre he querido hacerlo y además aquí he podido hacerlo con algo que me apasiona como es la cultura griega y romana. Me ha supuesto vivir lo que es estar dentro de una obra, porque uno al verlo representado sólo ve lo espectacular que parece, pero ahora sé el trabajo que lleva eso. Y la incorporación del elemento musical me permite otra cosa que me encanta, que es cantar. Hay buen rollo detrás de los telones, compañerismo,… Y antes de salir al escenario no sólo es tu papel, es el tuyo y el de los demás, tus nervios y los de los demás, son uno. El momento de saludar al final es el reconocimiento de los aplausos. Duele mucho cuando no se recibe lo que esperabas, como con la comedia de este año cuando no se reían con las escenas graciosas.

Por último hacer una mención al coro, porque es un papel muy duro que implica una sincronización grupal. Se nota cuando una persona se equivoca; implica mucho trabajo e insistencia. Es el papel que yo diría que más trabajo tiene dentro de una obra. Lo bonito es que yo he sido asambleísta, una mujer que lucha por sus derechos con una barba de hombre porque si no, no me dejaban entrar en la asamblea; he sido una diosa Atenea muy cabreada con los griegos y culpable de sus males, luego he sido una esclava cartaginesa y a la vez una testigo que ha hecho que lleven a un rufián a juicio salvando el honor de una muchacha, y a la vez he sido una pobre prostituta náufraga sin padres que ha ayudado a su compañera a encontrar el suyo.

Con esto quiero decir que los papeles son como la vida: un día soy la diosa Atenea y otro soy una esclava repelente. Recomendaría la experiencia y creo que si la vives activamente, no yendo una, dos o tres veces, verdaderamente te aporta mucho, te ayuda a perder vergüenza, conoces a gente maravillosa y te abre totalmente la visión. Si alguien verdaderamente siente amor por el teatro, la literatura y las artes, que se apunte, porque va a trabajar en algo que le va a gustar.”



Por otro lado, tenemos las experiencias de Marta:

“En La Asamblea de las Mujeres fui parte del coro y fue ahí donde empezó mi amor por Furor. Además, yo tenía muchas ganas de hacer teatro y siempre había asistido con mis padres al Festival de Mérida desde pequeñita y bueno, para mí fue una pasada, porque siempre había sentido mucha curiosidad por cómo sería encontrarse ahí encima. Ya había hecho una obra en segundo de primaria, luego hice teatro negro en segundo de la ESO (que es teatro con marionetas y luz ultravioleta) y fue una experiencia muy interesante, pero no es nada parecido a usar tu propio cuerpo y tu propia voz para expresar cosas sobre un escenario. Así que para mí fue una pasada porque tenía muchas ganas de probarlo y, ya que se me presentaba la oportunidad, ¿por qué no? He llegado a la Universidad, esto es nuevo para mí y vamos a hacer una actividad extrauniversitaria.

Las troyanas marcó un antes y un después de todo lo que yo había vivido con Furor, principalmente por la novedad de hacer la tragedia y porque el tono cambia absolutamente. Rosa me pidió que me encargara de la música, lo que pasa es que lo planteé un poco distinto de la música que yo haría posteriormente. Lo que hice fue buscar melodías que no tuvieran derechos de autor y editarlas con un programa para crear melodías cronometradas para distintas partes de las obras. Luego compuse algo que cantaba el coro y la nana de Astianacte, que se cantaba cuando a Andrómaca se lo arrebataban de las manos para matarlo. Una nana bastante triste. Otra cosa que me encantó fue que me pidieron que hiciera nuestra propia versión de la obra adaptándola de distintas versiones que encontré por ahí. Vas comparando, quitando las referencias que no se entiendan mucho, lo pones bonito, redujimos los coros para que no fuese muy lioso,… Y adaptando Rosa por su lado y yo por el mío, hicimos la versión de Furor de Las troyanas de Eurípides.

El año de Poenulus también fue un paso muy importante para mí, porque Rosa y Mercedes me nombraron ayudante de dirección, cosa que fue un honor auténtico. Además no dudaron en encargarme la música de la comedia y empecé a componer de otra forma, componiéndola yo y tocándola yo con la guitarra. Hice varios papeles, compuse varias canciones plan musical (me dicen que son pegadizas las cosas que compongo),…

Respecto a mis sentimientos en Furor, se nota que me gusta el teatro. Lo recomendaría a cualquiera, porque el teatro sólo te puede hacer bien. Es desestresante, te ayuda a relajarte y a retirarte de lo que te agobie; es terapéutico. Yo creo que mi carrera no sería lo mismo sin Furor, sería mucho más gris. Es el complemento perfecto de mi formación humanística, redescubrí la cultura clásica gracias al teatro. Y esa es la finalidad del teatro, difundir toda la cultura clásica y que se recupere todo ese legado cultural que nos dejó la cultura clásica.

Yo siempre he sido una persona tímida, no intervenía a menos que tuviera que hacerlo. Luego ya me empecé a abrir, al principio no me salía la voz en el escenario. Yo no me imaginaba que iba a estar encima de un escenario, o componiendo música de comedias o de tragedias, o adaptando a Eurípides, por ejemplo. Así que teatro me permite canalizar y desarrollar mi creatividad de una forma que no puedo hacerlo en ningún otro ámbito de mi vida, por tanto, sin Furor no habría descubierto que podía componer canciones, que es una cosa muy chula. En resumen, es una experiencia totalmente recomendable; la timidez sobre el escenario se quita, y si no quieres estar en el escenario, puedes ayudar con otras cosas. Furor Bacchicus Teatro es un trabajo en equipo y aunque te dediques a aspectos secundarios, no resultan tan secundarios al final.”



Y bueno, ya realmente no quedaría nada por decir. Me gustaría destacar que este año no sólo han participado alumnos de la Facultad de Humanidades, sino que también hemos asaltado Furor Bacchicus Teatro alumnos de la Facultad de Derecho. ¿Que sólo hemos sido tres? Bueno, pero ya se amplía la cantidad de integrantes del grupo, que esperemos que crezca cada año.

Y por terminar ya con lo que me ha aportado a mí, debo confesar que a mí me ha ayudado para varias cosas. En primer lugar para perder mi angustioso e increíble miedo escénico, que aunque no se notara, yo me daba cuenta de ello. Por ejemplo, en la última representación, en la que interpreté a Cármides, me llevé una copia de la obra al lugar de donde teníamos que salir y, aunque me sabía mi papel perfectamente, lo seguía repasando una y otra vez. Y el momento en que me acerqué al escenario… Agradecí ser miope y no llevar puestas las gafas, porque pensaba que no le iba a gustar a nadie lo que iba a hacer. En segundo lugar, me ha enseñado lo divertido que es realizar una actividad tan maravillosa como es teatro. Porque aunque sea un “friki” y haya jugado a rol en vivo, el teatro me ha demostrado no parecerse en absoluto. Que sí, que tienes tu papel, pero no es tu papel individual sin tener que preocuparte por los demás, porque aquí sí se aplica el “uno para todos y todos para uno”. Y en tercer lugar me ha permitido perder la vergüenza y ganar confianza en mí mismo, porque yo solía ser un chaval al que le costaba socializar, que se preocupaba mucho por el “¿qué pensarán de mí? ¿Les gustará cómo soy?”, por lo que hice pocos amigos antes de llegar a la Universidad. Y es por esto que, aun sólo habiendo pasado un año en Furor Bacchicus Teatro, ya me ha marcado la vida por completo.



Nuevamente expresar mi gratitud especialmente a Reme y a Marta, por ayudarme a elaborar este artículo. También a todos los compañeros de Teatro y a las directoras, porque si faltara alguno de ellos, Furor Bacchicus Teatro no habría sido lo mismo.

Adjunto por aquí el blog de Reme, donde sube breves y maravillosos escritos (y ha prometido subir muchos más): http://catnegre.blogspot.com.es/


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