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domingo, 7 de agosto de 2016

Series de la infancia

Pues llegó el momento de hablar de las series de la infancia. Sé que he tardado demasiado, no he tenido mis mejores días ni me acordaba de todas las series como me gustaba haber traído. Aun así creo que se ha quedado en una larga lista. No voy a hacer grandes explicaciones de las series, así que casi va a ser una serie de imágenes. "Entonces vaya artículo más pobre", pensará alguno. Bueno, me he estrujado los sesos para intentar recordar las series que veía cuando era pequeño (como hasta los 12 años, puede que me haya limitado, porque he visto demasiada televisión hasta hace unos años).

¡¡Así que sin más dilación, va a comenzar el listado de series de mi infancia!!

En primer lugar tenemos Agallas, el perro cobarde. Estos dibujos llegaban a alcanzar cierto terror en algunos capítulos, aun así eran entretenidos y sobre todo curiosos. Algunos "malos" eran extraños (como el pie que le crece a Eustaquio, creo que era), pero con lo que me quedaré de esta serie es la pasión de Muriel por el vinagre, que incluso llegaba a poner vinagre en los dulces. Quizá de ella nació mi amor incondicional por el vinagre...


No puedo dejar de lado Animaniacs, una serie donde, aunque tres hermanos fueran los protagonistas, habían otros más personajes que le daban una gran diversidad de formas de humor a la serie. Recuerdo con mucho aprecio un capítulo donde la llama de una vela va contemplando la redacción de la Constitución Americana por uno de los padres fundadores. Fue una pequeña clase de historia dentro de unos dibujos de humor. ¿Quién dijo que con la televisión no se aprende?


Beyblade reconozco que es una serie de la que ya me acuerdo poco, pero mi memoria llega a recordar batallas de peonzas. Creo que se llegaron a vender peonzas con los Phoskitos y yo le pedía insistentemente a mi madre que los comprara para sentirme como un personaje de la serie.


Esta serie fue una de mis favoritas cuando era niño. Blue Water High, un grupo de amigos cuya pasión es el surf. Además competían, habían cazatalentos y cosas típicas de los clubs deportivos. No sabría decir si mi pasión por la serie era por ver el mar y el deporte, o algún buen cuerpo mojado...


Si podía existir una serie extraña donde pasan cosas aleatorias sin razón alguna, apareció BoBoBo. Una serie donde el protagonista va en contra de los cazadores de pelo y luchará contra ellos gracias a su cabello nasal. Encontramos otros personajes que luchan bien con pedos, un puerro, el poder de Babilonia o su propia gelatina. ¿Mi personaje favorito? Softon, sin lugar a dudas.


Aquí encontramos un grupo de amigos que, a través de luchar contra una inteligencia artificial en un mundo virtual, conseguían arreglar los problemas que les sucedían en el mundo real. No podría decirse que trataba de enseñar los peligros de la tecnología, porque la misma tecnología les permitía luchar contra ella. Lo mejor de la serie, sin duda, fue el cambio del traje de los personajes.


Código KND presentaba la típica lucha de niños contra adultos;  los niños querían seguir siendo niños y seguir disfrutando de tal condición y los adultos, envidiando la vida de los niños, querían que estos fueran adultos.


D.Gray-Man, una serie donde los exorcistas van acabando con los akumas. No llegué a ver muchos capítulos cuando era niño, porque la retransmitían muy tarde, pero cuando la volví a ver ya más mayor me trajo muchísimos buenos recuerdos.


Detective Conan nos presenta el caso de un adolescente detective que ha sido transformado en niño. Yo me flipaba cada vez que resolvía un caso, pues con el reloj lanzaba un dardo tranquilizante para dormir a alguien mientras que con la pajarita, que era un modulador de voz, adoptaba la voz de quien había dormido para hacerse pasar por él y anunciar el culpable.


Digimon no podía faltar en esta lista. Tiene los openings más famosos, desde mi humilde opinión. Cada serie era un mundo nuevo, pues iban cambiando ciertos aspectos, pero la esencia la seguía manteniendo. El compañerismo era una de las cosas más valoradas en esta serie, pues entre el niño y el digimon había un gran vínculo.


Doraemon me enseñó que si alguna vez tenía un problema, no recurriera a un robot del futuro para que me de un aparato, pues luego todo iba a ir a peor. Así que, si alguna vez os ocurre algo, arregladlo vosotros mismos. Aprenderéis y creceréis como personas.


Una de las mejores series de mi infancia. Sí señores, Dragones y Mazmorras. Lo que me da rabia es que parecía que nadie de mi generación la veía, sin embargo el opening mucha gente lo conocía. Cuando descubrí el rol de mesa, no pude evitar recordar esta serie. El guerrero cobarde y el mago torpe eran los personajes más graciosos.


El laboratorio de Dexter llegaba a hacerse repetitivo, porque muchos capítulos solían tener la misma trama. Sin embargo, pudimos llegar a verle las manos a la madre de Dexter, pues en algún capítulo se quitaba los guantes. Quizá un poco machista la serie, ahora que lo pienso...


Con qué nostalgia recuerdo yo ver Embrujadas con mi madre. Una serie donde tres mujeres eran las protagonistas y encargadas de salvar a la gente de seres malignos y oscuros. Enseñaba grandes valores, además de cierta cultura esotérica escondida con la trama. Ahora, quien más me gustaba era Piper, pues creo que tenía los mejores poderes.


La banda del patio tenía los mayores clichés que podáis imaginar. La alta empollona, el gordo sensiblón, el bajito con poca autoestima, el negro deportista, la macarra y el ´"líder". Este grupo de amigos era el protagonista en un patio bastante alocado, donde si entrara un psicólogo metería a más de uno en un psiquiátrico.


Con esta serie, La casa de los amigos imaginarios, lo único que conseguí fue desear tener más imaginación para tener un amigo imaginario chulo. Nunca lo conseguí, sin embargo me encantaba el nombre de Wilt, creado por un niño que resultaba ser una parodia de Michael Jordan. ¿Adivináis a quién de la imagen creó?


La familia Addams era otra de mis series favoritas. La canción del inicio, aunque sencilla, me encantaba. Y los mejores personajes, para mí, fueron Jueves, La cosa, y la mano. Cuánto echo de menos esta serie... 


De La pajarería de Transilvania no me acuerdo mucho, la verdad. Sin embargo sé que la veía con mi hermana cuando yo era muy pequeño. Por eso y porque me gustaba, se merece aparecer en esta lista.


Las macabras aventuras de Billy y Mandy te traían la vida de un niño estúpido, una niña realista e inteligente y una muerte esclava de este par de niños debido a que perdió una apuesta jugando contra ellos al limbo. Lo mejor era la variedad de monstruos que te mostraban, como el lobo feroz, la mujer de Frankenstein, el Coco,...


Otra serie donde las niñas vuelven a ser las heroínas que salvan a la sociedad. Las supernenas. Porque no se necesita ser hombre ni mayor para salvar a la gente. Quizá sí que para tu creación te viertan sustancia X, pero por lo demás...


Lizzie McGuire era la típica adolescente con típicos problemas, nada muy lejos de la realidad. Uno de los capítulos que más recuerdo es cuando jugaron una partida de rol en vivo en su casa, ambientado plan Cluedo. Creo que en ese capítulo su amigo quería confesarle que la quería, pero no estoy seguro... Un tanto cliché también.


Un grupo de bebés aventureros capaces de hacer cosas sorprendentes para la edad que tienen. Exacto, hablo de Los Rugrats. Tenía un juego para la Play 1 de ellos; tenía diversos minijuegos y uno de los mejores era el minigolf.


¿Alguien no ha visto esta serie? Marsupilami concienciaba de la importancia de la naturaleza y de tratar bien a los animales. Tenía su toque de humor, pero escondía valores profundos que no te das cuenta a menos que pares a analizarlo.


Una de las series más banales que quizá haya visto nunca. Megas tenía como protagonista a un hombre con sobrepeso amante de la comida basura y los videojuegos que, gracias a su coche acoplado a un robot, luchaba contra razas alienígenas a base de combos.


No podía faltar una serie donde una chica esté enamorada de un chaval y quiera conseguir su corazón. Pero para eso tenía la ayuda de Mirmo, el protagonista que daba nombre a la serie. Personas diminutas cuyos poderes emanaban de instrumentos se encargaban de ayudar a sus compañeros humanos. ¿Y sabéis lo más curioso? Personajes mitológicos también eran representados, como Eolo.


Seguro que alguien ha visto esta serie pero no se acuerda. Os daré una pista: Tienen que salvar a los monstruos de Mu. ¿Todavía no? El protagonista jugaba a la consola y los monstruos eran liberados de discos. Si aún no caéis en la cuenta, quizá la imagen de abajo os ayude. Monster Rancher, a fin de cuentas, era otra serie de monstruos donde tenían lugar varias peleas.


Ya van quedando pocas series, tranquilos. Pero ahora es el turno de Pepper Ann, otra serie que tampoco llego a recordar mucho. Aun así sé que me encantaba de pequeño y que el opening tenía buen ritmo. ¿Soy el único que la vio? Por favor, decidme que no, porque tampoco encuentro a nadie que la viera...


Con el furor que hay con su juego de teléfono, he estado retrasando su aparición en la lista. Pokemon era otra de las series a las que tengo un cariño especial y por eso he buscado una imagen de cuando la serie no tenía la mejor animación del mundo, para volver a los viejos tiempos. Sólo los que la vimos empezar sabemos de la enemistad inicial que hubo entre Ash y Pikachu que acabó con una amistad mucho más fuerte. ¿Cómo irá ahora la serie? La verdad es que no la veo desde pequeño, así que tampoco sé si ya ha conseguido las medallas de todos los gimnasios o quizá se ha casado antes.


Os traigo otra serie donde las chicas vuelven a ser las luchadoras, las salvadoras, las que luchan contra los malos que buscan causar el caos. ¿El fallo? Desde mi opinión, lo malo es que las pongan con unas pintas muy frágiles y delicadas, pero aun así mostraban dureza, entusiasmo y mucho esfuerzo. Si queremos pensar que no hubo series donde las chicas eran las guerreras, yo me atrevo a decir que eso era porque se consideraban "series de niñas", como ésta que os traigo aquí. (Ojalá se terminen los estereotipos y etiquetas que sólo dañan la sociedad...)


Y otra serie que sólo aporta humor. Shin Chan es ese niño estúpido capaz de sobrevivir, gracias a la estupidez que comentaba, a los mayores peligros. Si veis sus películas, no es normal que un niño de su edad se enfrente a tales enemigos sólo con su danza del culo. Pese a esto, debo reconocer que me enseñó una cosa: que el pimiento sabe muy mal.


Esta serie iba de un grupo de héroes adolescentes que luchaban contra diferentes villanos. Vamos, lo típico, pero tenía gracia. Es buen resumen de Teen Titans, a fin de cuentas. Creo que el más curioso de los personajes era Chico Bestia, que podía transformarse en cualquier tipo de animal, incluso prehistórico.


Xiaolin Showdown era una serie muy curiosa, pues buscaban recoger unos objetos con poderes para evitar que los villanos sumieran al mundo en la oscuridad. Es una serie que esconde la autosuperación y la confianza. Recomendada si aún no la habéis visto.


Por último una serie de un juego de cartas, Yu-Gi-Oh! Una frase muy repetida en esta serie era "confía en el espíritu de las cartas". Sucedían cosas muy asombrosas gracias a ese espíritu de las cartas, pues la aleatoriedad en verdad no existía, sino la voluntad del creador en girar la balanza a favor de uno de los dos competidores. El duelo que mejor recuerdo es el que juega Yu-Gi contra Pegasus. Así que si no habéis visto la serie y queréis un ejemplo bueno, recomiendo ese. Aunque también enseñaron otro juego con dados, como si se estuviera construyendo una mazmorra con ellos.



Y bueno, esto ha sido todo. Que aparezcan estas series no significan que fueran las única. Por ejemplo también veía Dragon Ball o Oliver y Benji, pero lo siento mucho, no me gustaban nada... Además puede que me haya dejado otras cuantas series, porque aunque haya intentado recordar, como habéis podido comprobar son demasiadas.

Si queréis, comentad qué otras series veíais vosotros en vuestra infancia, cuál esperabais encontrar o si tenéis alguna opinión de alguna que os he traído en este artículo. Espero que os haya gustado recordarlas tanto como a mí.


sábado, 16 de julio de 2016

Un poco de filosófía


Ya lo decían Timón y Pumba en El Rey León, “vive y deja vivir”. Y es que las películas para niños a veces no deberían de serlo sólo para ellos, pues los adultos también aprenderían con ellas. Quizá lo que más lástima me dé, es que los valores que enseñan estas películas luego son pisoteados por la sociedad viciada con la que se encuentra luego el niño. Compañerismo, ser siempre sincero, la búsqueda incansable de la verdad y la justicia,… Son cosas que al decirlas suenan muy bien, pero que luego en la realidad no se dan tanto.

Tomando como ejemplo el compañerismo, creo que todos hemos vivido la situación en la que conviviendo con personas en una clase se han terminado formando grupos. Pero además, entre personas de diferentes grupos, se origina un ambiente negativo que lleva a confrontaciones o esa ruptura del compañerismo. Si esto se produce en un círculo tan reducido como una clase, en la sociedad lo encontramos a niveles desproporcionados.

Con este ejemplo sólo quería demostrar el vicio de la sociedad, no que no existan estos valores, porque en los grupos de iguales (los amigos) es donde se respetan más los valores adquiridos y se crean nuevos.

Continuando con el “vive y deja vivir”, considero que es una gran enseñanza. Yo lo aplico en mi vida en el sentido de que yo pueda tener libertad sobre lo que yo haga, mientras no implique a nadie en lo que realice, y que los demás también tengan esa misma libertad en las mismas condiciones. Es decir, que si a mí me gusta darme cabezazos contra una pared hasta que me corra un hilo de sangre por la cara, que me permitan hacerlo ya que no afecta a ninguna otra persona. Pero si a ti te gusta pegarme patadas y a mí me desagrada lo que estás haciendo, no considero correcto ese comportamiento.

Por consiguiente, si las acciones implican a otras personas, éstas deben estar de acuerdo con lo que se esté realizando para ser considerado correcto (para vivir y dejar vivir). Aquí voy a usar un ejemplo polémico: la homosexualidad. Si a mí y a mi novio nos gusta ser homosexuales y follar por el culo, no afecta a ninguna otra persona. No estamos besando a otro ni follando a otro, sino que es una actividad realizada entre nosotros dos y que queda entre nosotros. El ser visto por otro no implica añadir un tercero a la acción, porque no estamos dando un beso de tres ni haciendo un trío, seguimos besándonos mi novio y yo y follando mi novio y yo. Por tanto, cuando la gente dice que los homosexuales no deberían hacer esas cosas en público porque les ven los niños, están siendo coartadores de la libertad y no dejando vivir a los demás. Porque si a alguien no le gusta algo, no mira; quien mira es por curiosidad o interés. Además, es mejor que los niños tengan un amplio abanico de conocimientos para desarrollarse con mayor plenitud, pero eso será un tema que trataré otro día.

En cuanto al espectador, no creo que a nadie le guste ver a un animal comerse sus propias heces (siento el ejemplo, sé que es desmedido. Y respeto a los cacófagos), por tanto no mira. Pero si resulta que pasan los del Circo del Sol haciendo algún espectáculo callejero, imagino que la gente sí mira. Entonces, no entiendo por qué hay que reprender a los homosexuales por hacer cosas naturales (porque los heterosexuales también se besan en la calle delante de los niños) cuando es el espectador quien elige lo que ve.

Vuelvo a repetirlo, Timón y Pumba fueron grandes docentes que parecen haber quedado silenciados en la sociedad actual. “Vive y deja vivir”. ¡Ay, si todos adoptáramos esas palabras para obrar conforme a ellas! Es cierto que se puede opinar y que hay tantas opiniones como culos, que también la gente puede quejarse libremente. Pero de opinar y quejarse a prohibir o censurar hay un gran paso. Me gustaría recuperar una frase que dije en Twitter para unirla al hilo de esto: “Seamos un poco más pacifistas y menos viscerales. Actuemos más con la moral y no con impulsos” [Para quien no sepa lo que es una actitud visceral, hace referencia a las actitudes irracionales, comportamientos esporádicos sin haber sido pensados]. Si la sociedad buscara en favor de la convivencia, de unas relaciones de intercambio donde el objeto de la interacción es la ayuda, aportar conocimientos, experiencias,… Cosas que formen como personas. En el momento en que la sociedad busque normalizar en vez de criticar y censurar, quizá consigamos una sociedad mejor.

No quiero decir con esto que no haya cosas que deban ser censuradas o eliminadas. Por supuesto que las hay, por algo existen lo que yo prefiero considerar “contra-valores” como son la violencia, el odio, la intolerancia, las diversas fobias sociales (xenofobia, homofobia, teofobia, entre muchas otras)… Estos “contra-valores” deberían ser superados y abandonados, el problema es que la sociedad parece apegarse cada vez más a ellos.

Finalmente me gustaría hablar de una última frase que ha calado muy hondo en mí, que me ayuda en mi día a día y que creo que la gente pasa por alto y no se dedica a pensarla. Tuvo que llegar Juego de Tronos, señores, para darle un giro a todo. La frase en cuestión es el lema de la casa Tyrell: “Crece fuerte”. Intentaré no hacer ningún spoiler por si alguien no es seguidor de la serie o no ha visto los últimos capítulos.

La casa Tyrell a mi parecer ha sido infravalorada a pesar de esconder un lema tan fiero. Al tener de blasón una rosa, esconden la fiereza bajo la debilidad de tal figura, pero descontextualizada, “crece fuerte” quiere decir más que una rosa saliendo de entre la tierra para ser hermosa. “Crece fuerte”, desde mi humilde perspectiva (que podéis tener otra), significa vivir aprovechando cada momento, que por muchas veces que te tiren, te pisoteen y pretendan acabar contigo, te levantes y luches, que plantes cara y logres tus objetivos. Significa que, ante la adversidad, busques un camino alternativo por el cual poder salir airoso, con la cabeza alta y con el orgullo de los méritos obtenidos.

Es por esto mismo que no podría haber mejor blasón para dicho lema. La semilla de una rosa tiene que luchar contra las adversidades que se encuentra para poder crecer, tiene que abrirse paso entre la dura tierra, tiene que conseguir florecer. Cuando florece, es hermosa y bella gracias al esfuerzo realizado, pero también es astuta, porque está provista de espinas para defenderse.

“Crece fuerte” y “vive y deja vivir”. Una frase de una serie para adultos, otra de una película infantil. No dejan de intentar transmitirnos valores que, si los incluyéramos en nuestro día a día, en nuestra forma de vivir la vida, nos harían más humanos, más felices y nos permitirían construir una sociedad mejor.