sábado, 31 de diciembre de 2016

Un día cualquiera de mi vida.


Al fin por la mañana. A saber desde hace cuándo, pero en fin, nunca me ha importado mucho la hora cuando no tenía nada planificado. Como es costumbre, volví a quedarme hasta las cinco de la mañana haciendo exactamente lo mismo que el resto de noches: perder mi tiempo y alejar de mi mente cualquier preocupación hasta que el sueño quisiera arrastrarme de vuelta a la cama. Habrá que levantarse, ¿no?
Qué duro es salir de entre las cálidas sábanas en invierno, sabiendo que en cuanto termines de salir, nada conseguirá que tu cama recupere el calor que tanto te has esforzado por guardar dentro. Si el calor fuese lo único que hay ahí guardado… Años de vida ha sido mi cama testigo de diversos sucesos de los que yo era uno de los protagonistas. Papeles que a veces me quedaban grande, y otras veces interpretaba a la perfección. Si las sábanas pudieran hablar, se quejarían de tanto que se han visto empapadas. Las noches de estrés dando vueltas en la cama, el sudor recorriendo el cuerpo y refrescando más de lo que debía, tensión acumulada por el estrés del mañana; aquellos momentos en los que el ánimo se derrumbaba y se escapaba de mis ojos hasta la almohada sin yo haberle dado permiso; incluso aquellos momentos tan bonitos en los que compartí mi cama con aquella persona especial, abrazados, tan pegados que podíamos incluso sentir el latido del otro, aunque a veces no tan abrazados pero explorando la belleza que acabaría ensuciando a mis fieles compañeras las sábanas.
Siguiente parada, el baño. Qué mejor manera de empezar un día, que mirando lo horrendo que estás al despertarte. Pero para mi sorpresa, ya no me reconozco en el espejo. Que vale, los ojos entre marrón y verde siguen ahí, cada día perdiendo más el brillo de la mirada y vistiendo unas holgadas ojeras. La nariz con complejo de fruta, pero en vez de pepitas, puntos negros que tanto me quieren, aunque nuestro amor es imposible. La barba cada día más desaliñada, ya que la pereza me impide quitármela a pesar de que me moleste. Y finalmente unos labios que poco a poco, transmiten menos de lo que les gustaría. Quizá hoy pueda ser un buen día para ese chaval del reflejo, pero no para este cabeza loca, despistado y olvidadizo. Ni un lavado de cara conseguiría lavar mi interior, que viene a ser lo mismo que un conjunto de fuerzas en continua tensión por ver qué sentimiento dirigirá hoy mi día.
Diría que una de las ventajas de levantarse tan tarde es que no te tienes que preocupar por desayunar más o menos cantidad, pero cuando tu desayuno es directamente la comida, eres plenamente consciente de que tienes trastocado el horario de sueño. Diría que la comida es un bonito momento del día, aunque sea por el placer de la comida, algo que a mi juicio debería ser considerada maravilla mundial, pero las noticias siempre están ahí para recordarte que donde vives es en la realidad, y en la realidad no todo son arcoíris y mariposas. Nuevo caso de corrupción en el país, en otra parte del mundo un atentado, niños muertos en otro continente,… Pero oye, como positivo te ponen que un precioso animalito ha salvado a una persona. Vamos, que de todo lo anterior hay ahora que olvidarse porque oye, un animal es todo un salvador. Que tendrá su mérito, ¿pero de verdad hay que tolerar que suceda toda esta mierda en nuestro planeta? Aunque oye, si me indigno tampoco servirá de nada porque nadie me escuchará; esto es lo de siempre, alguien quejándose anónimamente, a alguno le parecerá bien, otros cientos buscarán alguna pega para estar en contra y luego pasará al olvido en pocos minutos. Y los problemas ahí; perfecto. Tocará lo habitual, evadirse para no estar todo el día de morros.
Para pasar la tarde, hoy un poco de emociones fuertes: seguir pasando apuntes. Una de mis mayores pasiones; es bien conocido que a todo estudiante le chifla pasarse tardes enteras frente a un manual preparándose unos apuntes para luego tener que aprobar un examen en el que sólo se reflejan los conocimientos retenidos gracias a la capacidad memorística. Porque el sistema educativo es el mejor del mundo, claro está. Quejarse, de todas maneras, sirve para poco; que mi preocupación actual sean los estudios no evita el futuro incierto pero bastante probable del paro. El mejor sentimiento de todo joven es verse estudiando para no llegar a nada, a pesar de aspirar muy alto, tener grandes proyectos en la cabeza o incluso grandes ideas que podrían ser interesantes de llevar a la práctica. Pero gracias a esta sociedad, si no tienes dinero ni memoria, no vas a ningún sitio.
¡Y llegó el descanso para morirme a gusto! O lo que viene a ser lo mismo, la cena. Que consiste en comer con el manual delante mientras veo algún vídeo y finjo ser productivo. Qué vida más apasionante. Menos mal que la vecina se encarga de cabrearme de vez en cuando para tener alguna emoción fuerte a lo largo del día, porque eso de poner música a todo trapo de doce a doce, no es muy de buena persona cuando ya le he dado varias veces con la escoba en el techo para que bajara el volumen.
Definitivamente, el único y mejor momento del día, es el de las buenas noches. Ver en el teléfono ese mensaje de buenas noches, deseándote dulces sueños, empezar a preguntarle a la otra persona por su día y terminar hablando hasta las tantas… Principalmente porque yo no puedo dormir y es el único momento del día en que socializo si no he tenido clases. Habrá sido un día de mierda, pero al menos sé que, si le sigo importando a una persona como para que cada día me diga unos “buenos días” y “buenas noches”, será porque tampoco lo esté haciendo tan mal. Algún día, entre noticia y noticia, apuntes y apuntes o incluso entre momentos de descanso por agotamiento, me preocuparé en averiguar aquello que tan bien hago. De todas maneras yo no seré capaz de averiguarlo; no soy capaz de reconocerme en el espejo. Así, ¿cómo pretendo encontrar mis vicios y mis virtudes?

No hay comentarios: