Al fin por la mañana. A saber desde hace cuándo, pero en
fin, nunca me ha importado mucho la hora cuando no tenía nada planificado. Como
es costumbre, volví a quedarme hasta las cinco de la mañana haciendo
exactamente lo mismo que el resto de noches: perder mi tiempo y alejar de mi
mente cualquier preocupación hasta que el sueño quisiera arrastrarme de vuelta
a la cama. Habrá que levantarse, ¿no?
Qué duro es salir de entre las cálidas sábanas en invierno,
sabiendo que en cuanto termines de salir, nada conseguirá que tu cama recupere
el calor que tanto te has esforzado por guardar dentro. Si el calor fuese lo
único que hay ahí guardado… Años de vida ha sido mi cama testigo de diversos
sucesos de los que yo era uno de los protagonistas. Papeles que a veces me
quedaban grande, y otras veces interpretaba a la perfección. Si las sábanas
pudieran hablar, se quejarían de tanto que se han visto empapadas. Las noches
de estrés dando vueltas en la cama, el sudor recorriendo el cuerpo y
refrescando más de lo que debía, tensión acumulada por el estrés del mañana; aquellos
momentos en los que el ánimo se derrumbaba y se escapaba de mis ojos hasta la
almohada sin yo haberle dado permiso; incluso aquellos momentos tan bonitos en
los que compartí mi cama con aquella persona especial, abrazados, tan pegados
que podíamos incluso sentir el latido del otro, aunque a veces no tan abrazados
pero explorando la belleza que acabaría ensuciando a mis fieles compañeras las
sábanas.
Siguiente parada, el baño. Qué mejor manera de empezar un
día, que mirando lo horrendo que estás al despertarte. Pero para mi sorpresa,
ya no me reconozco en el espejo. Que vale, los ojos entre marrón y verde siguen
ahí, cada día perdiendo más el brillo de la mirada y vistiendo unas holgadas
ojeras. La nariz con complejo de fruta, pero en vez de pepitas, puntos negros
que tanto me quieren, aunque nuestro amor es imposible. La barba cada día más
desaliñada, ya que la pereza me impide quitármela a pesar de que me moleste. Y
finalmente unos labios que poco a poco, transmiten menos de lo que les
gustaría. Quizá hoy pueda ser un buen día para ese chaval del reflejo, pero no
para este cabeza loca, despistado y olvidadizo. Ni un lavado de cara
conseguiría lavar mi interior, que viene a ser lo mismo que un conjunto de
fuerzas en continua tensión por ver qué sentimiento dirigirá hoy mi día.
Diría que una de las ventajas de levantarse tan tarde es que
no te tienes que preocupar por desayunar más o menos cantidad, pero cuando tu
desayuno es directamente la comida, eres plenamente consciente de que tienes
trastocado el horario de sueño. Diría que la comida es un bonito momento del
día, aunque sea por el placer de la comida, algo que a mi juicio debería ser
considerada maravilla mundial, pero las noticias siempre están ahí para
recordarte que donde vives es en la realidad, y en la realidad no todo son
arcoíris y mariposas. Nuevo caso de corrupción en el país, en otra parte del
mundo un atentado, niños muertos en otro continente,… Pero oye, como positivo
te ponen que un precioso animalito ha salvado a una persona. Vamos, que de todo
lo anterior hay ahora que olvidarse porque oye, un animal es todo un salvador.
Que tendrá su mérito, ¿pero de verdad hay que tolerar que suceda toda esta
mierda en nuestro planeta? Aunque oye, si me indigno tampoco servirá de nada
porque nadie me escuchará; esto es lo de siempre, alguien quejándose
anónimamente, a alguno le parecerá bien, otros cientos buscarán alguna pega
para estar en contra y luego pasará al olvido en pocos minutos. Y los problemas
ahí; perfecto. Tocará lo habitual, evadirse para no estar todo el día de
morros.
Para pasar la tarde, hoy un poco de emociones fuertes:
seguir pasando apuntes. Una de mis mayores pasiones; es bien conocido que a
todo estudiante le chifla pasarse tardes enteras frente a un manual
preparándose unos apuntes para luego tener que aprobar un examen en el que sólo
se reflejan los conocimientos retenidos gracias a la capacidad memorística.
Porque el sistema educativo es el mejor del mundo, claro está. Quejarse, de
todas maneras, sirve para poco; que mi preocupación actual sean los estudios no
evita el futuro incierto pero bastante probable del paro. El mejor sentimiento
de todo joven es verse estudiando para no llegar a nada, a pesar de aspirar muy
alto, tener grandes proyectos en la cabeza o incluso grandes ideas que podrían
ser interesantes de llevar a la práctica. Pero gracias a esta sociedad, si no
tienes dinero ni memoria, no vas a ningún sitio.
¡Y llegó el descanso para morirme a gusto! O lo que viene a
ser lo mismo, la cena. Que consiste en comer con el manual delante mientras veo
algún vídeo y finjo ser productivo. Qué vida más apasionante. Menos mal que la
vecina se encarga de cabrearme de vez en cuando para tener alguna emoción
fuerte a lo largo del día, porque eso de poner música a todo trapo de doce a
doce, no es muy de buena persona cuando ya le he dado varias veces con la
escoba en el techo para que bajara el volumen.
Definitivamente, el único y mejor momento del día, es el de
las buenas noches. Ver en el teléfono ese mensaje de buenas noches, deseándote
dulces sueños, empezar a preguntarle a la otra persona por su día y terminar
hablando hasta las tantas… Principalmente porque yo no puedo dormir y es el
único momento del día en que socializo si no he tenido clases. Habrá sido un
día de mierda, pero al menos sé que, si le sigo importando a una persona como
para que cada día me diga unos “buenos días” y “buenas noches”, será porque
tampoco lo esté haciendo tan mal. Algún día, entre noticia y noticia, apuntes y
apuntes o incluso entre momentos de descanso por agotamiento, me preocuparé en
averiguar aquello que tan bien hago. De todas maneras yo no seré capaz de
averiguarlo; no soy capaz de reconocerme en el espejo. Así, ¿cómo pretendo
encontrar mis vicios y mis virtudes?
No hay comentarios:
Publicar un comentario