sábado, 31 de diciembre de 2016

Un día cualquiera de mi vida.


Al fin por la mañana. A saber desde hace cuándo, pero en fin, nunca me ha importado mucho la hora cuando no tenía nada planificado. Como es costumbre, volví a quedarme hasta las cinco de la mañana haciendo exactamente lo mismo que el resto de noches: perder mi tiempo y alejar de mi mente cualquier preocupación hasta que el sueño quisiera arrastrarme de vuelta a la cama. Habrá que levantarse, ¿no?
Qué duro es salir de entre las cálidas sábanas en invierno, sabiendo que en cuanto termines de salir, nada conseguirá que tu cama recupere el calor que tanto te has esforzado por guardar dentro. Si el calor fuese lo único que hay ahí guardado… Años de vida ha sido mi cama testigo de diversos sucesos de los que yo era uno de los protagonistas. Papeles que a veces me quedaban grande, y otras veces interpretaba a la perfección. Si las sábanas pudieran hablar, se quejarían de tanto que se han visto empapadas. Las noches de estrés dando vueltas en la cama, el sudor recorriendo el cuerpo y refrescando más de lo que debía, tensión acumulada por el estrés del mañana; aquellos momentos en los que el ánimo se derrumbaba y se escapaba de mis ojos hasta la almohada sin yo haberle dado permiso; incluso aquellos momentos tan bonitos en los que compartí mi cama con aquella persona especial, abrazados, tan pegados que podíamos incluso sentir el latido del otro, aunque a veces no tan abrazados pero explorando la belleza que acabaría ensuciando a mis fieles compañeras las sábanas.
Siguiente parada, el baño. Qué mejor manera de empezar un día, que mirando lo horrendo que estás al despertarte. Pero para mi sorpresa, ya no me reconozco en el espejo. Que vale, los ojos entre marrón y verde siguen ahí, cada día perdiendo más el brillo de la mirada y vistiendo unas holgadas ojeras. La nariz con complejo de fruta, pero en vez de pepitas, puntos negros que tanto me quieren, aunque nuestro amor es imposible. La barba cada día más desaliñada, ya que la pereza me impide quitármela a pesar de que me moleste. Y finalmente unos labios que poco a poco, transmiten menos de lo que les gustaría. Quizá hoy pueda ser un buen día para ese chaval del reflejo, pero no para este cabeza loca, despistado y olvidadizo. Ni un lavado de cara conseguiría lavar mi interior, que viene a ser lo mismo que un conjunto de fuerzas en continua tensión por ver qué sentimiento dirigirá hoy mi día.
Diría que una de las ventajas de levantarse tan tarde es que no te tienes que preocupar por desayunar más o menos cantidad, pero cuando tu desayuno es directamente la comida, eres plenamente consciente de que tienes trastocado el horario de sueño. Diría que la comida es un bonito momento del día, aunque sea por el placer de la comida, algo que a mi juicio debería ser considerada maravilla mundial, pero las noticias siempre están ahí para recordarte que donde vives es en la realidad, y en la realidad no todo son arcoíris y mariposas. Nuevo caso de corrupción en el país, en otra parte del mundo un atentado, niños muertos en otro continente,… Pero oye, como positivo te ponen que un precioso animalito ha salvado a una persona. Vamos, que de todo lo anterior hay ahora que olvidarse porque oye, un animal es todo un salvador. Que tendrá su mérito, ¿pero de verdad hay que tolerar que suceda toda esta mierda en nuestro planeta? Aunque oye, si me indigno tampoco servirá de nada porque nadie me escuchará; esto es lo de siempre, alguien quejándose anónimamente, a alguno le parecerá bien, otros cientos buscarán alguna pega para estar en contra y luego pasará al olvido en pocos minutos. Y los problemas ahí; perfecto. Tocará lo habitual, evadirse para no estar todo el día de morros.
Para pasar la tarde, hoy un poco de emociones fuertes: seguir pasando apuntes. Una de mis mayores pasiones; es bien conocido que a todo estudiante le chifla pasarse tardes enteras frente a un manual preparándose unos apuntes para luego tener que aprobar un examen en el que sólo se reflejan los conocimientos retenidos gracias a la capacidad memorística. Porque el sistema educativo es el mejor del mundo, claro está. Quejarse, de todas maneras, sirve para poco; que mi preocupación actual sean los estudios no evita el futuro incierto pero bastante probable del paro. El mejor sentimiento de todo joven es verse estudiando para no llegar a nada, a pesar de aspirar muy alto, tener grandes proyectos en la cabeza o incluso grandes ideas que podrían ser interesantes de llevar a la práctica. Pero gracias a esta sociedad, si no tienes dinero ni memoria, no vas a ningún sitio.
¡Y llegó el descanso para morirme a gusto! O lo que viene a ser lo mismo, la cena. Que consiste en comer con el manual delante mientras veo algún vídeo y finjo ser productivo. Qué vida más apasionante. Menos mal que la vecina se encarga de cabrearme de vez en cuando para tener alguna emoción fuerte a lo largo del día, porque eso de poner música a todo trapo de doce a doce, no es muy de buena persona cuando ya le he dado varias veces con la escoba en el techo para que bajara el volumen.
Definitivamente, el único y mejor momento del día, es el de las buenas noches. Ver en el teléfono ese mensaje de buenas noches, deseándote dulces sueños, empezar a preguntarle a la otra persona por su día y terminar hablando hasta las tantas… Principalmente porque yo no puedo dormir y es el único momento del día en que socializo si no he tenido clases. Habrá sido un día de mierda, pero al menos sé que, si le sigo importando a una persona como para que cada día me diga unos “buenos días” y “buenas noches”, será porque tampoco lo esté haciendo tan mal. Algún día, entre noticia y noticia, apuntes y apuntes o incluso entre momentos de descanso por agotamiento, me preocuparé en averiguar aquello que tan bien hago. De todas maneras yo no seré capaz de averiguarlo; no soy capaz de reconocerme en el espejo. Así, ¿cómo pretendo encontrar mis vicios y mis virtudes?

martes, 13 de diciembre de 2016

Ensayo de Historia


LA SEXUALIDAD. DEFINICIÓN, TÉRMINOS QUE LA INTEGRAN Y PARTICIPACIÓN DE COLECTIVOS LGTBQIA+ EN SU DESARROLLO.



El objetivo de este ensayo consistirá en intentar aportar una definición de sexualidad, así como de los términos que la integran intentando desglosar cada uno de ellos. De esta manera, se pretende ver cómo ha evolucionado el término, cómo se ha pretendido visibilizar otros aspectos del mismo término y, mediante entrevistas, intentar percibir tanto el conocimiento como importancia de estos términos en la sociedad. También, en la medida de lo posible, se intentará contemplar la manera en la que los colectivos LGTBQIA+ participan a la hora de desarrollar diferentes términos de la sexualidad.



“La sexualidad no debe pensarse como un tipo de hecho natural que el poder trata de mantener controlado, ni como un dominio oscuro que el conocimiento trata de descubrir gradualmente. Es el nombre que puede darse a un constructo histórico”[1]. Foucault debemos considerar que, ante el tema de la sexualidad era un historiador que influyó en gran manera en trabajos y estudios posteriores a él, puesto que buscaba una definición de este término desde una perspectiva histórica llegando a la conclusión de que se trataba de una relación de diversos elementos, de prácticas y de algunas actitudes con un determinado significado que encontraban sus raíces en un pasado anterior a la cristiandad pero que se elabora desde la modernidad. Aun así, lo que nos queda claro es que la sexualidad como tal, es un concepto construido socialmente. Pero debo destacar una pregunta que se hace Jeffrey Weeks, pues ante la realidad de que la sexualidad es algo que se ha definido y construido por la sociedad y como una consecuencia de diferentes elementos históricos y culturales, ¿cabría la posibilidad de cambiarla?[2] Me tomaré el lujo de no responder a esta pregunta y que cada uno piense en ella.

El primer objetivo de este ensayo era la pretensión (egoísta o utópica) de aportar una definición del concepto de sexualidad, sin embargo, realizar esta tarea resulta demasiado complicado. No resulta complicado porque no tenga suficiente vocabulario como para realizar una, sino porque es un concepto que puede tener diferentes enfoques dependiendo de la ciencia que empleemos. La autora mencionada anteriormente, Jeffrey Weeks, la define como “un resultado de distintas prácticas sociales que dan significado a las actividades humanas, de definiciones sociales y autodefiniciones, de luchas entre quienes tienen el poder para definir y reglamentar contra quienes se resisten. La sexualidad no es un hecho dado, es un producto de negociación, lucha y acción humanas”.[3] ¿Quiere esto decir que ésta es la única y verdadera definición de lo que es la sexualidad? En absoluto. Pero tampoco podemos decir que esté equivocada, sino que es una de entre muchas definiciones que se pueden aportar de este término debido a lo explicado antes, depende de la ciencia empleada para entender este concepto. Pero también depende de la sociedad misma, que puede tener una apreciación totalmente diferente a cerca de este concepto. Y ni los estudiosos tienen la verdad absoluta ni la sociedad se equivoca ni siempre acierta.

Si comparamos la definición de la autora con la de la RAE, encontramos una gran diferencia. La RAE aporta dos acepciones. La primera sería “conjunto de condiciones anatómicas y fisiológicas que caracterizan a cada sexo”, mientras que la segunda sería “apetito sexual, propensión al placer carnal”.[4]

Por otro lado, tenemos a los colectivos LGTB, que tras intentar consultar diversas páginas de este tipo de colectivos no he encontrado ninguna donde aportaran una definición de lo que es la sexualidad. Sin embargo, la sociedad no se mantiene callada ante tal concepto aportando múltiples y diversas definiciones, tal y como podemos contemplar en las entrevistas del anexo.

La Wikipedia, esa plataforma de conocimiento editada por la sociedad, nos aporta la siguiente definición de sexualidad: “La sexualidad es el conjunto de condiciones anatómicas, fisiológicas y psicológico-afectivas que caracterizan el sexo de cada individuo. También, desde el punto de vista histórico cultural, es el conjunto de fenómenos emocionales, de conducta y de prácticas asociadas a la búsqueda del placer sexual, que marcan de manera decisiva al ser humano en todas y cada una de las fases determinantes de su desarrollo.”[5] Se puede entender que esta definición está elaborada por toda la gente que ha editado el artículo dedicado a la cuestión de la sexualidad, pero entonces tendríamos que preguntarnos por qué los entrevistados no han coincidido con la definición aportada por esta plataforma.

¿La definición de la sexualidad ha evolucionado? ¿Los encuestados no saben realmente cómo definirla? ¿Los estudiosos se sobre esfuerzan en aportar una definición que resulta socialmente inadecuada? Personalmente, prefiero pensar que ninguno tiene razón, pero que todas las definiciones son válidas, porque al ser el término una construcción social, debería ser también cada uno quien, desde sus propios conocimientos y experiencias, pudiera aportar una definición personal de lo que para sí mismo es la sexualidad, de manera que aunque para cada uno significara una cosa distinta, se ajustaría a las condiciones individuales. Sin embargo, también considero positivo disponer de una definición lo más amplia y objetiva posible como referencia, para poder saciar el ansia de conocimiento o resolver la duda de la sociedad.

Tras habernos aproximado al concepto de sexualidad, es importante destacar los elementos que se integran aquí. Personalmente, prefiero destacar los elementos de orientación sexual, identidad de género y orientación sexual, pues considero que realizando una visión crítica y personal por parte de cada uno dentro de cada uno de estos elementos, puede definir su propia sexualidad. Dentro de cada uno de estos elementos encontramos clasificaciones o categorías, entendidas incluso como “etiquetas” por una parte de la sociedad, bajo las que las personas pueden clasificarse o identificarse según sus condiciones personales, de manera que encuentre un reconocimiento social de sus sentimientos.

Adentrándonos ahora en la orientación sexual, debemos también primero hacer una aproximación al concepto. Y nuevamente me veo en la obligación de traer varias definiciones para hacer una comparación y poder ver, así, cómo nuevamente nos encontramos ante un término difícilmente definible.

En REV SOGIA encontramos la siguiente definición a este término: “Es la dirección de los intereses eróticos hacia otras personas. Al hablar de atracción sexual se refiere a un patrón de excitación física e interés emocional o romántico y sexual que involucra fantasías, imaginación y sueños de contenido sexual o erótico.”[6] De esta definición se puede entender que lo importante son factores internos de la persona, pues nacen en él unos impulsos a partir de un factor externo, como son las personas ajenas a uno mismo. Sería criticable no apreciar la afectividad, puesto que los sentimientos son un factor importante.

De la Fundación Triángulo podemos extraer otra definición de orientación sexual, donde aquí sí que nos indica tanto la atracción afectiva como la sexual como elementos de la orientación sexual que nos llevan a la atracción por otra persona.[7] El problema que presenta la Fundación Triángulo es que después sólo distingue tres tipos de orientaciones sexuales, cuando en verdad hay una lista un tanto más extensa.

Desde la plataforma AVEN, nos dicen que la orientación sexual sólo describe lo que es la atracción sexual de las personas, debiendo entenderla de manera separada a la orientación romántica o cualquier otro tipo de atracción, ya que son cuestiones diferentes unas de otras.[8] Esta separación de términos es importante, pero considero escasa la definición, puesto que no describe lo que sería la atracción sexual, elemento necesario para entender la orientación sexual.

De esta manera, podemos concluir que lo importante para entender la orientación sexual seria la presencia de atracción sexual, es decir, un sentimiento de interés como factor externo ante un estímulo externo, como sería lo que percibimos en otras personas y nos despierta unas reacciones físicas o psicológicas. Sin embargo dije que existía una clasificación dentro de estos elementos de la sexualidad, así que intentaré dedicar unas pocas palabras a diversas orientaciones sexuales para no extenderme en demasía.

En primer lugar, me veo en la obligación de definir la orientación sexual más conocida en el mundo, como es la heterosexualidad. La heterosexualidad es la atracción de tipo sexual hacia personas del sexo opuesto. Debemos entender esta atracción hacia personas del sexo opuesto con la limitación a dos sexos, el masculino y el femenino, o lo que sería lo mismo, los géneros binarios. La heterosexualidad ha sido entendida durante un gran periodo de la historia como la única sexualidad válida y “correcta” en la sociedad, de manera que se censuraba cualquier otra orientación que fuera diferente a la heterosexualidad, naciendo así el heterosexismo, entendiendo como tal un sistema de tipo ideológico que se centra en la negación, denigración y estigmatización de toda aquella conducta, relación, identidad o comunidad de personas que sea diferente a la sociedad heterosexual.[9] El heterosexismo sería sinónimo de heteronormalidad o heteronormalización, pues todas implican una creencia de superioridad de la orientación heterosexual frente al resto de orientaciones sexuales.[10] Para plasmar la violencia ejercida a otras orientaciones sexuales, diferentes personas han grabado cortometrajes de temática LGTB dándole la vuelta a la realidad social actual donde lo normal fuese la homosexualidad y lo perseguido la heterosexualidad[11], cortometrajes donde directamente muestran el peligro real en la sociedad actual de estas actitudes, y hasta idealizaciones donde conviven perfectamente todas las orientaciones sexuales para finalmente contrastarlo con imágenes de la realidad.

Adentrándonos ahora en la homosexualidad, debe ser definida como la atracción de tipo sexual hacia personas del mismo sexo. Es por esto que la pregunta que se me plantea es si también se considera homosexualidad la atracción hacia personas del mismo género, duda que no contemplo resuelta ni en artículos o trabajos de investigación, ni en páginas de grupos LGTB y mucho menos en Internet. Sin embargo, personalmente yo opino que se ajustaría este término únicamente al sexo, puesto que se podría dar el caso de que en una pareja homosexual una de las personas es de género fluido y, por tanto, seguiría siendo una pareja homosexual. De lo contrario, serían pareja de difícil determinación por la condición de género de una de las personas.

El siguiente término sería la bisexualidad, que consistiría en la atracción de tipo sexual hacia personas de ambos sexos, según definiciones convencionales. Volvería yo aquí a tener la misma duda de antes, si se centra sólo en el sexo y por tanto en los sexos binarios o si se podría aplicar también en géneros, porque si se aplica en géneros debería aclarar cada persona de manera individual por qué dos géneros (de entre los binarios y no binarios) se siente atraído. Encontraríamos por tanto serios problemas para tomar una definición clara de este término. Sin embargo, al mirar en la plataforma AVEN, se nos ofrece la siguiente definición: “Atracción sexual hacia personas de sexo y género femenino y de sexo y género masculino, ambos cisgénero.”[12] Esta definición sería demasiado criticable, puesto que en la relación bisexual el género de la persona no tiene por qué ser influyente, dando a mostrar aquí a los bisexuales como puros discriminadores. Además, aunque en cierta forma se podría entender que aclara qué géneros son los tenidos en cuenta en la bisexualidad, se me plantea un problema con los intersexuales, pues presentan ambos sexos y no uno de manera total. También cabe precisar que la atracción por ambos sexos no tiene por qué darse en una proporcionalidad perfecta (50% y 50%) para que la persona sea considerada bisexual, sino que es indiferente el grado de atracción por cada tipo hacia el que la sienta (puede ser 20% y 80%; 45% y 55%,…).

Pasando ahora a la pansexualidad, vendría a definirse como la atracción sexual hacia cualquier género y sexo. Es decir, que el género y sexo para estas personas es indiferente para poder sentir una atracción sexual. Suele pensarse que la bisexualidad y la pansexualidad son lo mismo, pero si atendemos a que en la bisexualidad sólo hay cabida para dos tipos, la pansexualidad sería entonces más amplia. Pero no por ello los bisexuales deben tener alguna fobia o ejercer alguna discriminación hacia el resto de sexos y géneros, puesto que si entendemos esto, los heterosexuales y homosexuales serían más fóbicos que los bisexuales pero sin embargo están felizmente aceptados y valorados. Los bisexuales también son considerados omnisexuales.

En cuanto a la demisexualidad, se entiende por tal la atracción sexual hacia personas con las que se ha creado un vínculo afectivo fuerte, como en la amistad. De esta sexualidad se podría entender que la atracción sexual empieza a nacer a partir del momento que empieza a crearse un vínculo afectivo, pero sin embargo también entran en juego las preferencias sexuales por género y sexo, no por la simple existencia de dicho vínculo afectivo ya se tiene esa atracción sexual.

Pasando a la reciprosexualidad, hace referencia a la atracción sexual hacia personas de las que se tiene el conocimiento de que sienten atracción sexual hacia el primero. Pero esto no es lo único necesario, pues dándose A no se da B necesariamente, puesto que vuelven a entrar en juego las preferencias sexuales del reciprosexual.

La antrosexualidad vendría a ser un término que recogería a todas aquellas personas las cuales desconocen cuál es su orientación sexual. A pesar de ello, pueden tener relaciones amorosas con otras personas siendo indiferente el género o el sexo.

Finalmente, de entre las orientaciones que definiré (puesto que en esta categoría se pueden incluir numerosas orientaciones más), encontramos la asexualidad. Esta orientación implica la ausencia de atracción sexual. Sin embargo, sí que pueden sentir una atracción romántica y que puede dirigirse hacia cualquier sexo o género[13]. Sin embargo, cabe destacar que entre los asexuales hay quienes pueden tolerar relaciones sexuales a pesar de tener ausente esa atracción sexual. Esto es porque aunque no tienen atracción sexual, sí que tienen apetito sexual. Esto, para las parejas de las personas asexuales (que no son asexuales) puede llevarles a cierto agobio. Entre los asexuales, acordaron una clasificación[14] por letras, de manera que los asexuales de tipo A serían los que son capaces de tener apetito sexual, pero no tienen atracción romántica; los de tipo B serían lo opuesto, apetito sexual no tendrían, pero sí atracción romántica; los de tipo C tienen ambos; finalmente los de tipo D no tienen ni apetito sexual ni atracción romántica. La asexualidad ha sido, durante mucho más tiempo que la homosexualidad, una orientación discriminada, incluso por colectivos LGTB, ante la difícil comprensión de la incapacidad de sentir atracción sexual por una persona. Han sido objeto de numerosas burlas e insultos por ello mismo, puesto que la mayor parte de la sociedad asocia el apetito sexual con la atracción sexual.

Me veo en la obligación de expresar mi desacuerdo con muchos colectivos LGTB que sólo definen, entre sus documentos, lo que son la heterosexualidad, la homosexualidad, la bisexualidad y, muy pocos grupos, la asexualidad. No llegan a adentrarse en subcategorías o categorías diferentes a alguna de estas cuatro mencionadas, de manera que tampoco se podría afirmar que realicen una buena labor de visibilizarían de diferentes y nuevas orientaciones sexuales. Casi parecería que algunos son grupos elitistas (en el sentido de que sólo se aceptan las orientaciones mayoritarias o más aceptadas dentro de la sociedad) con dificultad para aceptar nuevos términos.

Quiero también destacar que algunos periódicos fardan de cumplir con la labor de visibilizar colectivos de orientaciones menos reconocidas, sin embargo en su mayor parte lo hacen con un todo de burla o satírico incluyendo orientaciones que se inventan logrando con ello un mayor rechazo por parte de la sociedad hacia las personas de diferente orientación sexual por “llegar a extremos tan estúpidos e incoherentes”. Así, podemos encontrar la “sapiosexualidad” definiéndose como la atracción sexual hacia personas con un cociente intelectual más elevado que la velocidad máxima permitida en autovías y la “lumbersexualidad”, es decir, atracción sexual hacia personas con apariencia de leñador (la típica de las películas americanas del hombre fornido, con barba, camisa de cuadros y peludo)[15].

Ahora, por necesidad de entender mejor la clasificación anterior, considero imprescindible entrar ahora en el terreno de la identidad de género, que ha sido una cuestión muy relacionada a los roles de género. Electra González nos aporta la siguiente definición de identidad de género: “Es el reconocimiento internalizado de uno mismo de que se es hombre o mujer”[16]. Sin embargo, muestra diferencia con la definición que aporta de rol de género: “Es la expresión conductual de masculinidad o femineidad. Puede variar entre cultura y cultura”[17]. La diferencia entre ambos conceptos aquí se podría contemplar en que para la identidad de género se hace referencia a factores internos, mientras que en para el rol de género, se centra más en la exteriorización de la identidad de género mediante conductas. Sin embargo, en estas definiciones se está realizando una clara exclusión de los géneros no binarios. Mirando otras definiciones de identidad de género, volvemos a encontrar este problema: “La identidad de género es la autoclasificación como hombre o mujer sobre la base de lo que culturalmente se entiende por hombre o mujer. Es el conjunto de sentimientos y pensamientos que tiene una persona en cuanto miembro de una categoría de género”[18]. Y es que resulta que la identidad de género es algo demasiado personal, algo que sólo uno mismo debería ser capaz de determinarla, pero hay que plantearse qué ocurre con las personas que no se sientan ni hombre ni mujer.

¿Por no ubicarse en ninguno de los géneros binarios ya tiene un trastorno? ¿Es sólo una tontería de la persona o que reprime su verdadero género binario? Obviamente no, existen los géneros no binarios, que se entienden como cualquier otra que no sea la cisgénero, es decir, la que se corresponde con alguno de los géneros binarios de masculino y femenino. A veces esto de género no binario se llama también genderqueer, pero no debe confundirse con el término Queer, pues este último término recoge todas las minorías de orientaciones sexuales no clasificadas en las mencionadas más arriba. Tristemente, debo decir que la definición de la Wikipedia sería una de las definiciones sobre la identidad de género más correctas de entre los documentos manejados para la realización de este ensayo. Describiría este término como la percepción que cada uno tiene de sí en relación al sentimiento relacionado con el género sin tener en consideración factores físicos o biológicos[19]. Pasando ahora a la clasificación de las diferentes identidades de género, destacaré sólo una pequeña cantidad de ellas por el mismo motivo que en las orientaciones sexuales, no extenderme más de lo necesario para dejar claro la diversidad de la que se compone este término.

Al igual que sucedió con la heterosexualidad, que fue definida en primer lugar por haber sido lo más socialmente aceptado, lo primero que será definido aquí será la identidad cisgénero, que se interpreta como la identidad de la persona con el mismo género que el sexo biológico. Es decir, que ante unos genitales de mujer, la identidad de género sería femenina mientras que si son de hombre, la identidad de género sería masculina. También se ha llegado a apreciar una cisnormatividad por la que personas se han visto presionadas socialmente a tener que aceptar su género biológico como su identidad de género a pesar de que internamente no se sentían así, porque como dije antes, el género es una cuestión muy personal; solamente yo puedo saber cómo me siento y por eso solamente yo puedo definir mi propio género.

Pasamos ahora con la identidad transgénero, que es como una categoría paraguas en la que se pueden recoger todas aquellas personas que no se identifican con el género asignado al nacer. Se suele decir que estas personas padecen disforia de género, pero utilizar la palabra “padece” crea la sensación de que estas personas tienen una patología que debe ser curada. Los transgéneros han luchado arduamente por eliminar esas apreciaciones, puesto que no tienen ninguna enfermedad y lo que sienten es más normal de lo que la sociedad a veces piensa, pues al resultar complicado entender ciertas ideas o conceptos, parece una solución fácil catalogarlo como enfermedad o falacia creada para influenciar negativamente.

Podemos encontrar también otras identidades de género ya definidas, como en el caso del género neutro, que no debe confundirse con la identidad agénero. La primera haría referencia al sentimiento de tener un género, pero que éste no fuese ni masculino ni femenino, es decir, que no fuese binario. Sin embargo, el agénero es el que no se siente identificado con ninguna identidad de género, pues entiende que directamente no tiene género. Estaría, por tanto, fuera de esta clasificación.

Por otro lado encontramos a los intergénero, que estos sí que sienten tener un solo género, pero que se situaría entre los dos géneros binarios. Es una identidad que se emplea mayormente sólo para intersexuales, por su condición biológica, de manera que el resto quedarían excluidos.

Otras tres identidades que pueden tener conflicto entre ellas son la de género fluido, bigénero y poligénero. El género fluido se refiere a la persona cuyo género fluye entre dos o más géneros, binarios o no, siguiendo de lo normal unos patrones o alternándose por factores concretos. Sin embargo, el bigénero se siente de dos géneros a la vez, que no tienen por qué ser binarios, aunque también se puede entender que se sienta de dos géneros de forma alterna, pero no por las causas del género fluido. Finalmente, el poligénero se correspondería con la persona que se identifica con más de dos identidades en el espectro de identidades de género.

También quería resaltar dos identidades que no deberían emplearse, puesto que en verdad son apropiación de otras culturas dotando a los términos de significados diferentes. Son el de pangénero y el de tercer género. Pangénero, como se puede deducir, haría referencia a la persona que incluye en sí misma todos los géneros del espectro, de manera indiferente, pero el término de origen no se corresponde con esta definición aquí aportada, que es como la sociedad occidental así lo entiende. Tercer género se dice de la persona que siente que su género es otro del asignado al nacer. Vendría por tanto a significar lo mismo que transgénero, pero lo cierto es que este término de tercer género proviene de otras culturas en las que hay personas que se sienten de un género pero se muestran preocupadas por exteriorizar en su imagen, comportamiento y carácter que son del género opuesto.

Tristemente debo decir que las asociaciones LGTB que he consultado no disponen de ninguna información sobre la identidad de género. Casi no extrañaría si tenemos en cuenta que sólo aprecian la heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad, limitándose demasiado en el espectro sexual. Casi parecerían grupos elitistas (en el sentido de que sólo miran por el bien de las orientaciones más normalizadas y visibilizadas) que aportan la información que les interesa. Quizá haya alguna asociación que contemple más orientaciones sexuales y explique la identidad de género, pero yo por desgracia no he tenido tal suerte.

Adentrándonos ahora en el término de la orientación romántica, que es relativamente nuevo (como de hace cinco años o cosa así), se debe decir de él que nació por iniciativa de los asexuales, por la necesidad de diferenciar la atracción sexual de la atracción sentimental y así dar a entender mejor su orientación. Esta diferenciación la considero positiva, más allá de porque aclare la asexualidad, porque también permite entender la posibilidad de las personas de poder mantener relaciones sexuales sin atracción sentimental, pero sí por atracción sexual. Es bien sabido que esto sucede en la sociedad, sobre todo en la juventud, pero sin diferenciar estos términos que aquí se vienen a explicar. El término de orientación romántica se definiría, por tanto, como la atracción de tipo sentimental hacia otra persona con posibilidad de mantener una relación sentimental o llegar a enamorarse. Y como en los anteriores términos, en la orientación romántica también encontramos una clasificación por orientaciones.

La primera, por mantener la costumbre y modelo de los anteriores conceptos, será la heterorromántica. Es la orientación sexual que implica una atracción sentimental y posibilidad de enamorarse de una persona de diferente sexo. Nuevamente se me podría plantear la duda de si solamente haría referencia al sexo o al género, pero personalmente considero que estos términos en su momento estaban orientados principalmente a los sexos, y que intentar incluir en sus definiciones el género implicaría un replanteamiento de la definición.

El homorromanticismo se correspondería con la atracción de tipo sentimental hacia una persona del mismo sexo con posibilidad de un enamoramiento. Nuevamente me gustaría aclarar que este término también sólo contempla el sexo y no el género; serán otros términos, más modernos que estos, los que empezarán a incluir el género en sus definiciones sin crear complicación para su concreción.

Nos encontraríamos también el birromanticismo, que como parece obvio, sería la atracción sentimental que surge en una persona hacia cualquiera de los sexos binarios. Aquí sí cabría plantearse si el género tendría cabida, pero es una cuestión que considero debe aclarar cada persona de manera individual y personal.

En cuanto a las personas panrománticas, debemos aclarar que esa atracción sentimental se podría dar hacia cualquier persona del espectro sexual. Se suele decir que la diferencia entre el panromanticismo y el birromanticismo es que los segundos sólo se centran en los géneros binarios, pero yo considero que eso depende de la persona y que cada uno debería ser quien determinara sus propios gustos, viendo dónde se adecuarían mejor.

Finalmente encontramos el arromanticismo, que como podemos suponer, representa las personas que no llegan a sentir esta atracción romántica hacia ninguna persona, pero también se pueden incluir las personas que no quieren tampoco sentir esta atracción. Dentro de esta categoría se podrían encontrar también subcategorías de las que sólo quiero destacar una que considero bastante llamativa, como es la orientación “litho-romántica”. Esta orientación se refiere a las personas que sienten una atracción romántica hacia una persona, pero cuando dicha atracción se vuelve recíproca, la atracción del primero termina y puede llegar a resultarle angustioso el hecho de atraer románticamente a otra persona.

Qué decir de las asociaciones LGTB sobre la participación en estos términos. Si no encontramos nada en ellas sobre la identidad de género, de la orientación romántica creo que no hace falta decir que no hay tampoco nada. Vuelvo a aclarar que en las asociaciones que yo he consultado, porque quizá alguien puede encontrar por suerte alguna que las considere. Y estos hablando de asociaciones, de esas instituciones que recoge la ley como grupos de personas con unos estatutos, una carta fundacional y unos intereses comunes. Aclaro, porque lo que sí es posible encontrar son grupos de gente actuando de manera independiente a estas asociaciones, que se encargan de formarse entre ellos, debatir y discutir términos que luego llegan a la sociedad. Sería entonces la sociedad quien creara y promoviera la utilización y visibilización de términos y minorías, no asociaciones LGTB. Y la verdad es que yo tuve una “mala” experiencia con dos asociaciones, puesto que por principio de octubre me puse en contacto con ellas por correo y no me contestaron. Y tampoco espero recibir respuesta, y eso que sólo pedía información sobre su funcionamiento y actividades, pero si pensamos en las personas que necesitan encontrar un sitio donde sentirse aceptados, que quieren participar en visibilizar lo que son, que tienen energía y ánimo para realizar lo que haga falta con tal de lograr unos objetivos para ellos positivos… Resulta enormemente desalentador.

Pasando a un análisis de las entrevistas, cabe decir que la mayoría (jóvenes principalmente de entre 18 y 25 años) desconocía lo que es la orientación romántica, pero algunos eran capaces de aproximarse a lo que realmente es. Pocos admitieron no tener conocimiento de ello. Después, es lógico que no supieran cómo clasificarse dentro de este término. En cuanto a la identidad de género, aunque la mayoría lo tenía claro y la definición era aproximada a la esperada, al tener que clasificarse no acertaban tampoco con el término correcto, a pesar de que sabían a lo que querían referirse y definían bien el término que desconocían de entre la clasificación.

En cuanto a la consideración de la sexualidad como tema de conversación en la sociedad, mucha gente ha considerado que es un tema tabú. Sin embargo, debo admitir que depende del círculo en el que nos encontremos y la relación con las personas cercanas. Esto se debe a que la sexualidad puede ser un tema muy íntimo y personal para algunas personas, porque cada uno vive su sexualidad a su manera. Y al igual que en algunos círculos de amistades no se habla de política o religión por ser temas complicados de tratar o que pueda molestar a alguno, con la sexualidad pasa exactamente lo mismo. Cuento diferente es cuando se trata en televisión, pues de lo normal se suele tratar desde un enfoque donde se hable con normalidad, tratando mantener un tono neutro y evitando temas delicados, pero los telespectadores pueden sentir cierto rechazo decidiendo tanto o cambiar de cadena o evadirse. Estas actitudes las encontramos sobre todo en personas mayores, que o consideran la sexualidad algo muy íntimo o por la educación que han recibido consideran indecoroso hablar de ello.

Por otro lado, todos por un motivo u otro consideraban positiva una enseñanza sobre sexualidad a la sociedad. Lo mejor para la realización de esta idea sería ofrecer una educación gratuita, para que la gente no muestre rechazo ante esa educación aunque pueda tener un coste simbólico. En segundo lugar, debería estar adaptada para diversas edades, de manera que a los infantes se les educara primero en valores como el respeto o la tolerancia, y que se les mostrara diversos modelos de familia, tanto heteroparental como homoparental, para que comprendan la normalidad de ambos tipos. De esta forma, avanzando en edades, ir introduciendo diversos términos, clasificaciones, ejemplos,… Pero siempre atendiendo a la correspondiente madurez de las edades y respetando esa opcionalidad, puesto que al igual que con la religión, pueden haber padres que no quieran educar a sus hijos en esos valores.

Finalmente, me gustaría a mí también responder a una pregunta de la entrevista, como es la de que si me parecen bien las categorías que forman el concepto de sexualidad. Personalmente, me considero un destructor del género, en el sentido de que yo defiendo negar toda categoría relacionada con la identidad de género y eliminar ese concepto. De esta manera, todos nos veríamos obligados a considerarnos del género humano, cayendo así en una igualdad de género inevitable. A su vez, con la caída del género, algunas orientaciones sexuales y románticas que se basan en el género deberían ser replanteadas, pero como terminaría en un trabajo inútil por la imposibilidad ante la negación del género, ambos conceptos tenderían a caer (ya que la homosexualidad y la heterosexualidad se podrían intentar conceptualizar con el género en vez de con el sexo y demostrar así la inutilidad también de ambos conceptos). Una vez derribadas estas limitaciones como son las categorías (porque no dejan de ser etiquetas, a pesar de que ayuden a las personas a sentirse identificadas con una realidad y ver que no están solos en el mundo), se tendería a un amor hacia las personas, ya que basar el amor en cuanto al sexo se podría considerar una cosificación de la persona y un enamoramiento hacia los genitales, más que hacia la persona en sí, por lo que podría resultar insultante. Lo importante sería centrarse en que el amor es libre, lo que se ama y lo que produce atracción sexual son las personas, pero no generalidades de personas, sino personas concretas independientemente de qué o cómo sean. Debería individualizarse el amor, porque aunque una persona ahora mismo diga que es heterosexual u homosexual, no le atraen todas las personas que su orientación determina, sino determinadas personas dentro de sus gustos personales que, casualmente, coinciden con lo que la sociedad ha querido entender por heterosexualidad u homosexualidad.



Dicho esto, sólo queda decir que las asociaciones LGTB parecen haber perdido el entusiasmo que una vez tuvieron. Actualmente la mejor forma de encontrar un lugar donde ubicarse, conocer gente de diversas orientaciones sexuales, debatir sobre sexualidad y educarse en ello, es formando grupos independientes de estas asociaciones LGTB. Gracias a estos grupos tenemos ahora más desarrollados estos términos que se han ido exponiendo, sin embargo no podemos olvidar que son construcciones sociales y no por ello deben ser consideradas definiciones perfectas.

Todavía le queda mucho a la sociedad por recorrer en el campo de la sexualidad, sobre todo en cuanto a la normalización de otras orientaciones sexuales, pues a día de hoy podemos seguir encontrándonos con actitudes discriminadoras, insultantes o incluso ofensivas. Varios ejemplos de ello son tanto los comentarios en el enlace que adjunté al cortometraje, donde hay gente que dice alegrarse de no ser homosexual o alegar que otras sexualidades sólo fomentan la heterofobia, hasta incluso diversas manifestaciones de odio por redes sociales como en Twitter, donde durante los Juegos Olímpicos de Río se llegó a utilizar el hashtag #GaysNoMerecenMedallas.



[1] Michel Foucault, The History of Sexuality, I. An Introduction, trad. Robert Hurley, Londres, Allen Lane, 1979. p. 105 [Cita y referencia extraída de Weeks, Jeffrey. Sexualidad. Paidos Ibérica. Pág. 27. 1998. Es un libro muy interesante, recomiendo su lectura.]
[2] Weeks, Jeffrey. Sexualidad. Paidos Ibérica. Pág. 28. 1998.
[3] Weeks, Jeffrey. Sexualidad. Paidos Ibérica. Pág. 30. 1998.
[4] Extraído de la página web de la RAE. Enlace: http://dle.rae.es/?id=XlsxvTJ
[6] González, Electra, Martínez, Vania, Leyton, Carolina y Bardi, Alberto. Orientación sexual: Un desafío actual para la atención de adolescentes. REV SOGIA. Núm. 11. Pág. 71. 2004.
[7] Mujika Lores, Inmaculada y Ureta Basañez, Ana. Orientación sexual: Guía para jóvenes. Aldarte. Bilbao. Pág. 3. 2007.
[8] Definición extraída de AVENwiki, ofreciendo para consultarlo en el siguiente enlace: http://es.asexuality.org/wiki/index.php?title=Orientaci%C3%B3n_sexual
[9] Ortiz-Hernández, Luis. La opresión de minorías sexuales desde la inequidad de género. Revista Mexicana de Sociología. Pág. 167. 2003.
[10] Gallardo Linares, Francisco J. y Escolano López, Víctor M. Informe Diversidad Afectivo-Sexual en la Formación de Docentes. Evaluación de Contenidos LGTB en la Facultad de C.C.E.E. de Málaga. Málaga: CEDMA. Pág. 22. 2009.
[11] Cortometraje Love is All You Need?, de Wingspan Pictures, escrito por Kim Rocco Shields y David Tillman. [Para visualizarlo, adjunto enlace a YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=f9jIC0MFNtM]
[12] Definición extraída de AVENwiki, ofreciendo para consultarlo en el siguiente enlace: http://es.asexuality.org/wiki/index.php?title=Orientaci%C3%B3n_sexual
[13] Lugones Botell, Miguel y Ramírez Bermúdez, Marieta. Asexualidad: la cuarta dimensión sexual. Revista Cubana de Medicina General Integra. Núm.31. Pág. 250. 2015.
[14] Lugones Botell, Miguel y Ramírez Bermúdez, Marieta. Asexualidad: la cuarta dimensión sexual. Revista Cubana de Medicina General Integra. Núm.31. Pág. 251. 2015.
[15] Otero, Miqui. “Demisexual”, “sapiosexual”… Cómo Internet ha liberado la sexualidad. El País. 15 de diciembre de 2014. Enlace: http://elpais.com/elpais/2014/12/11/icon/1418297678_391585.html
[16] González, Electra, Martínez, Vania, Leyton, Carolina y Bardi, Alberto. Orientación sexual: Un desafío actual para la atención de adolescentes. REV SOGIA. Núm. 11. Pág. 70. 2004.
[17] González, Electra, Martínez, Vania, Leyton, Carolina y Bardi, Alberto. Orientación sexual: Un desafío actual para la atención de adolescentes. REV SOGIA. Núm. 11. Pág. 71. 2004.
[18] García-Levia, Patricia. Identidad de género: Modelos explicativos. Escritos de Psicología. Núm. 7. Pág. 73. 2005.
[19] Definición reinterpretada de la Wikipedia, extraída de este enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Identidad_de_g%C3%A9nero#Identidades_de_g.C3.A9nero